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El lenguaje del color
Cuando la técnica despierta emociones
Los colores producen reacciones especiales y estados de ánimo en quienes los miramos y también afectan las proporciones aparentes de los espacios que nos rodean, tales como: alto, ancho y profundidad haciéndolos parecer en muchas ocasiones con características diferentes a las reales.
Desde el punto de vista emocional los colores nos provocan diversas impresiones y colaboran en nuestra percepción al despertar e incrementar nuestras sensaciones; todo color posee un significado propio capaz de comunicar y no solo tiene un significado universalmente compartido a través de la experiencia, sino que también tiene un valor independiente informativo a través de los significados que les atribuimos simbólicamente.
Conforme a su clasificación encontramos los colores cálidos que incluyen: el rojo naranja y amarillo, tienen un efecto estimulante y dan la impresión de que avanzan, es decir, se adelantan a la superficie que los contiene, lo que provoca una sensación de cercanía, son colores vitales alegres y activos. Como intermedio encontramos el verde y finalmente los colores fríos que incluyen a los azules y violetas que producen una acción relajante y un efecto de retroceso y alejamiento generando una sensación de distanciamiento, reposo, calma, poca intimidad y tristeza.
Y un mismo color puede evocar emociones diferentes. Ejemplo: Imagina que trabajas con un mismo tono: el rojo. Rojo intenso y saturado → transmite urgencia, pasión, energía. Es el color que te grita “mírame”. Como una señal de stop, o un vestido vibrante entre un paisaje neutro: imposible no verlo. Rojo desaturado y oscuro → cambia por completo. Se vuelve melancólico, introspectivo. Ese mismo rojo, ahora apagado hacia un burdeos, carga con peso emocional, con la sensación de un recuerdo que no se olvida. Rojo aclarado hacia tonos rosados → transforma la fuerza en ternura. Es dulzura, calma, suavidad. Los tonos pastel susurran donde los tonos intensos gritan.

Y aquí está la magia. Cuando editas una fotografía, lo que realmente estás moviendo no son deslizadores, sino emociones. Cada ajuste —más saturación, menos luminosidad, un leve cambio de tono— cambia no solo la estética… sino la historia que la imagen cuenta. Y cuando aprendes a dominar la psicología del color, tu fotografía deja de ser solo una imagen… para convertirse en una emoción que permanece.
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